3.07.2012

©los números infinitos_vals


LOS NÚMEROS INFINITOS

Presente = Luz / Pasado = Penumbra.
TERESA, unos 30.
ALONSO, unos 40.
Cuando ella mira al pasado, podría cambiar de bolso o anudarse un pañuelo al cuello en vez de llevarlo en la cabeza, pero sobre todo, su mirada se habrá de transmutar en reclamo, ya que en el presente ésta se mostrará prácticamente vacía.
Para ALONSO, bastaría un cambio de sombrero o algún elemento al uso. Y su mirada, justo al contrario que la de TERESA: de vacía en el pasado a de reclamo en su presente.

el pasado

TERESA.- Haz el favor de dejarme en paz.
ALONSO.- Eso es. Paz es lo yo quiero dejarte. Por eso te dejo. Por eso me largo. Por eso te voy a dejar en paz, si eso es lo que tanto quieres.
TERESA (aparte).- Lárgate. Pero no te arrepientas cuando arranques el coche, porque ya no te encontrarás la alfombra frente a la puerta. Guardaré los honores y las sinfonías para aquél que no los desprecie. Merecían tus pies no pisar el suelo y de ahí que horas antes de tu llegada, una alfombra roja se dispusiera ante ti, por tu triunfo tras una batalla. Sin embargo, ahora, que sólo acumulas derrotas, que sólo muestras heridas, que sólo me traes la pesadumbre, que sólo esquivas y no buscas, que vienes descalzo por olvido y no por decencia, un felpudo deshilachado te esperará a las puertas de mi casa.
ALONSO.- ¿De verdad quieres que te deje en paz?
TERESA (reacciona) .- Por primera vez deberías haber aparecido en pie de guerra.

el presente

TERESA.- Tenías razón. Ya casi se me ha olvidado tu perfil. Las sábanas que usamos en su día están ahí, lavadas y tendidas, y sin ningún rastro tuyo. Apenas miro el móvil. Eso significa que voy por buen camino. Aunque debo confesar que todavía siento un pellizco cuando suena. Porque quisiera yo y no quisiera que fueras tú el autor de esa llamada.
Ya han pasado dos semanas y las que han de seguir. Suma y sigue. Pero, ¿cómo recuperar las horas que me has restado?
Llegados a este punto, mejor no llames, porque volvería a usar esas sábanas, e incluso me daría el lujo de pensar unos minutos más en ti; recordaría tus palabras que no fueron más que abrazos por doquier; o tus intenciones que pidieron lo que nunca debieron pedir: aquello de una noche compartida, despertar contra tu espalda y manos jugando sin regla alguna. Y las tres locuras en reunión:
1º: la locura a destiempo.
2º: la locura fugaz.
y 3º: mi locura durante días esperando tu llamada.
Y entre aquellos sueños, uno que no termina de hacer su equipaje: tú.



el pasado

ALONSO.- ¿Por qué no has cogido el teléfono?
TERESA.- ¿Para que te explicaras?
ALONSO.- ¿Para qué si no?
TERESA.- Tú siempre eligiendo la ocasión para las explicaciones. Pues que sepas que ahora soy yo la no las quiere escuchar.
ALONSO.- Ya no sé cómo llevarte.
TERESA.- ¿Y tú eras el que me aconsejaba "déjate llevar, ricura, verás que bien"?
ALONSO.- Yo no te lo decía así.
TERESA.- Sí que me lo decías así. Entre beso y beso, para ser más exactos. Siempre esa maldita frase entre nosotros cuando nos abrazábamos. Sabía yo que al final me ibas a pedir algo a cambio por todos aquellos halagos online.
ALONSO.- Te equivocas.
TERESA.- No me equivoco. Y no me uses más clichés para la ocasión. Bájate del púlpito que aquí estamos los mortales: a los que la vida les cuesta, a los que nos cuesta vivir.
ALONSO.- Yo sólo quería que tu vivir fuera más fácil.
TERESA.- Era tal el torrente de tus cuidados que creí incluso que me estabas descuidando. Como ves, yo también se usar frases para la ocasión, y sin conectarme. Cara a cara. De frente. Sin pantallas.
ALONSO.- He apostado mucho por ti.
TERESA.- Mala suerte. Has perdido. No puedo correr a la velocidad que tú me marcas. Soy lenta. Tal vez torpe. No te puedo recompensar de la forma que a ti te gustaría.
ALONSO.- Te estás destruyendo.
TERESA.- ¿Tú crees? Más bien me reconstruyo. Que te quede claro que no me has salvado. Tal vez te he salvado yo a ti. Piénsalo. Y ahora deja que todo fluya, por favor, y no te vayas a interponer en mi camino porque te apartaré.
ALONSO.- No tienes piedad. No eras así cuando te conocí.
TERESA.- Porque sólo querías conocer de mí mis palabras. Y así todos somos estupendos. Pero estamos hecho de carne y hueso. No podemos estar toda la vida metidos en una pantalla o atrincherados tras un teclado. Indudablemente no podemos formar parte de tu menú. Es más, no soy tu árbol de navidad al que puedas encender y apagar a tu antojo. La navidad no dura todo el año.
ALONSO.- Me apetece estar contigo.
TERESA.- “Me apetece“... Tú y el singular. Con lo que me gusta a mí lo de vivir en los pronombres... Vente al mundo de los mortales. Aunque te advierto que aquí nos toca vivir un día tras otro, con sus nubes, con su lluvia y con sus 40 grados a la sombra. La semana tiene 7 días, ricura, no sólo los fines de semana.
ALONSO.- Nos lo pasábamos bien, ¿no?
TERESA.- Claro. Jugando a las casitas. Y el resto de los días si te echo en falta, te admito, y si no, apago y me acuesto.
ALONSO.- Demasiada implicación...
TERESA.- ¿Y qué tiene eso de malo? ¿Que tienes que asimilar que las burbujas estallan? ¿Que alguien te puede zampar un NO sin remordimientos?
ALONSO.- Te dije que podíamos tomarnos un tiempo.
TERESA.- Y te advertí que cuando tu tiempo se acabara, puede que empezara yo a tomarme el mío. Fin de partida. ¡Taxi! Suéltame, que yo ya estoy desconectada. ¡TAXI!




el presente

ALONSO.- Si pasan las horas y no marcas mi número, si pasan los días y te difuminas sin más ni más, si va a pasar lo que tiene que pasar, deja que pase cuanto antes. Que me quiero concentrar y mirar donde se pueda mirar, donde sea fácil; donde se me abrace intensamente y no con la intensidad medida; donde pueda descansar con el reloj enterrado, y lo que se fue, bien enterrado.
Si va a pasar lo que tiene que pasar, por favor, dejémonos de niñerías, y haz que pase cuanto antes. Que quiero dormir y tal vez soñar. Que quiero descanso sin medida y no la duermevela, que de nada sirve.


oscuro
las tablas vacías

TERESA Y ALONSO, desde en un limbo escénico:

Así que avisa pronto para contar desde el principio otra vez, para no quedarme en mitad de la nada, pues los números, ya se sabe, son tan infinitos...

telón