1.14.2011
1.10.2011
BASTARDS: the cracking door.
http://www.fundacioromea.org/index.php?page=banc_teatre_obres&obra=528&autor=303
BASTARDS, un pieza teatral alla maniera di Pinter con dosis de Genet.
Un elegía doméstica.
Una bomba-lapa bajo la mesa durante una cena familiar. Y lo más asombroso, es que los comensales -todos parientes- están deseando que les estalle en la cara.
Que la disfruten.
BASTARDS, un pieza teatral alla maniera di Pinter con dosis de Genet.
Un elegía doméstica.
Una bomba-lapa bajo la mesa durante una cena familiar. Y lo más asombroso, es que los comensales -todos parientes- están deseando que les estalle en la cara.
Que la disfruten.
1.07.2011
el astrólogo fingido de la compañía "Gracias, Calderón".
... hasta hoy nunca había oído hablar yo de esta compañía llamada "Gracias, Calderón", pero desde aquí le doy las gracias por haberse atrevido con este caramelo calderoniano.
Yo tuve la suerte de dirigir esta misma obra en el año 2000 cuando estaba a cargo del Taller de Teatro Clásico de la Universidad de Sevilla. Para ello utilizamos la versión que nos "regaló" D. Rafael Pérez Sierra -uno de los directores que ha tenido la Compañía Nacional de Teatro Clásico. Fue un honor trabajar tanto la adaptación que hizo de este clásico así como con él, ya que asistió a la primera lectura con los actores y al inicio del trabajo de mesa junto con la profesora Dña. Mercedes de los Reyes, especialista en el Teatro Español de los Siglos de Oro de la Universidad de Sevilla.
Mi puesta en escena era más ortodoxa, aunque no exenta de algun que otro elemento anacrónico que servía para potenciar sutilmente la hilaridad y critica que contenía la obra.
Enhorabuena a esta compañia. He visto el trailer y me ha parecido un riesgo que vale la pena correrse.
a propósito de la puesta en escena de tartufo por viento sur teatro...
... asistí a dicha representación en el verano de 2010 en los Jardines de la Buhaira, y no vi a Tartufo. No lo vi por ningún lado. Alguien lo intentó encarnar y lo descarnó. No vislumbré al canalla que construyó Molière ni un segundo tan siquiera, por mucho que se flagelara, aflautara su voz e intentara embaucarme a mi más que sus compañeros de reparto con una sarta de encantos melífluos y estériles. No me removió lo mucho o lo poco de hipócrita que podía haber dentro de mí; no me sentí incómodo cuando aquel supuesto Tartufo movía los hilos en el hogar que había asaltado y hundido; no sabía yo en que época desfilaban los personajes, pues no se distinguía bien entre lo que pretendía ser el vestuario pero que quedó sólo en meros disfraces de Cortilandia. Es más honesto acercarse con humildad y discreción a una época, que pensar que se cuenta con el presupuesto y las ínfulas de una ópera de Verdi.
A mi juicio, Tartufo es la piedra en el tirachinas de cualquier director, ya que así lo dispuso su autor, y si uno está falto de fuerzas para tensar el artilugio en cuestión y romperle las gafas al señor de la décima fila, debe ser coherente estarse quieto y jugar con otra cosa, por ejemplo, un entremés. Antes de llegar a la facultad, hay que pasar por el colegio. El reparto, en manos de dicha dirección, bien podía haber defendido un entremés y no el testimonio del autor. Honestamente considero que algunos de los actores y actrices de esta puesta en escena están desaprovechados y caen en la afectación, la cantinela y las poses caducas de Estudio 1
Mientras un espectador ve a Tartufo, debe sentir hormigas por la espalda, y si es una tarántula, mejor; el que asiste a lo que destruye Tartufo, debe pensar que en su trabajo hay uno como éste al que es imposible denunciar porque tiene acaramelados al todo el equipo con su victimismo bien medido y su verbigracia bien hilada; le tienen que entrar una ganas incontenibles de llegar a su trabajo al día siguiente y espetarle en la cara al menda en cuestión: Ayer vi Tartufo en la Buhaira, y me acordé de ti. No porque te echara en falta, sino porque te vi dos horas sobre un escenario... El espectador debe dar las gracias a Molière de que lo escribiera en su día porque esos tipos nunca pasan de moda y habría que denunciarlos, y que mejor cadalso que los jardines de la Buhaira.
El texto clásico es, además de lección, ritmo; es dirigir moviendo las manos a un compás de cuatro por cuatro; es zambullir al espectador en una espiral para zarandearlo y hacerle ver que los clásicos no pasan de moda, que no huelen a alcanfor; que las palabras no estan manidas; que los títulos de los autores clásicos no deberían ser publicidad municipal a bajo coste para atraer al público despistado sino una invitación a la reflexión. El director debe encomendarse a Marsillach y a Strelher en estos casos y no a su propio ego, el mayor peligro para lo que nos dedicamos a esto.
Al igual que yo asumo en primera persona toda responsabilidad cuando mi montaje fracasa, es el director en este caso el único responsable de que yo no viera a Tartufo en la Buhaira el pasado verano.
Marsillach nos enseñó tanto con su Tartufo que ahora no puedo dejar de pensar en él.
En esta Sevilla mía que come y calla, que critica siempre en bastidores, que lo solucionamos todo con la cerveza sobre el barril y la tapa de altramuces; que aplaudimos lo infumable y que tanto valoramos los palcos en la Campana, hay que apostar por el buen teatro, y cuando no nos guste, levantarnos e irnos.
1.05.2011
©Venecia_ extracto de mi obra ©Terminal_sevilla 2009
©VENECIA_
No quisiera morir en Venecia. Ni ver tu figura recortada sobre el mar. Ni que la enfermedad me obligue a partir antes de tiempo, pues sería alejarme de ti para siempre.
Conozco esa mirada. Conozco el trayecto, la intesidad y la luz. Conozco la cintura y conozco el placer que puedes provocar con tus dedos. Conozco Venecia. Su olor. Su calma aparente. Conozco Venecia y no quisiera morir allí. Ni sentir el impacto fatal de un roce tuyo en el ascensor, ni el despiste buscado, ni el fruto de una casualidad por tu parte o por la mía.
Conozco la altura, el insomnio y lo remoto. Conozco los labios mojados que llaman a gritos a los míos. Conozco el despertar con la mirada llena, el pecho lleno y las manos listas para el abordaje. El crescendo al acercarse la hora y el letargo hasta el día siguiente, también los conozco. El piano que adormece, tu risa que hidrata y tu cuerpo que inspira, también los conozco. Pero no quisiera verme yo corriendo tras de ti, tras tus años, más veloces siempre que los míos, cerca del mar. Aquí, en mi boca, al pronunciarte, no hay fronteras; y allí, en Venecia, quedará sin título este romance a destiempo. Porque también conozco a la perfección los estragos de un ritmo diferente al mío, y una cadencia rota por posibles e imposibles.
Te quedarás aquí, como otros muchos, entre líneas, para releerte más tarde. Y para que Venecia siga siendo principio y nunca fin de trayecto.
Tanto la novela de Mann como el filme de Visconti inspiraron este monólogo.
Foto: Múrtula y Lozano, actores. ensayo obra ©El Incorrecto. Sevilla, 2010.
1.03.2011
simplemente julia. monólogo antiguo.
SIMPLEMENTE JULIA
"Nunca puede haber enemistad entre quienes componen música juntos, al menos mientras dure esta música" Hindemith.
Julia, si ahora mismo me llamaras por teléfono, abriría un paquete de croquetas, y mientras las fuera friendo una por una, me hundiría en la alegría jamas soñada. Pero esas croquetas nunca se hacen por dentro. Nos engañan, porque al masticarlas, crujen, pero su interior está indudablemente frío. Disfrutabas con estas comparaciones, y ahora lo comprendo.
Julia, todos los compactos están manoseados. Desde Haendel hasta Fitzgerald. Ya no hay tila, ni valeriana, ni somníferos que estiren tu nombre, Julia, que lo doblen, que lo tuerzan, que lo enrollen, y que lo arrugue como una bolita de papel para arrinconarlo en el fondo de un cajón, bajo llave. Conservo la llave, elegido está el cajón, pero sólo me falta el nombre, tu nombre: Julia.
Las croquetas se deshacen en la boca. Sus cubiertas crujientes me reconfortan. Llego hasta su centro y, al masticar sus grumos helados, la carne se me pone de gallina.
Julia, Julie... ¿Habrás llegado ya a tu ciudad natal? ¿En tren o en transatlántico? Te aterran los aviones, lo sé. Me dejaste muy claro que nada de nubes esta vez. Tierra firme. El firmamento, para los poetas. ¿Y qué hay de la carta prometida? Te regalé sobres, papeles apropiados, plumas y tinta. Usalas allá donde estés, envíame pedacitos de ti y de todo aquello que te rodee.
Nos encantaba ponernos melodramáticas y meternos en vena el espíritu de la Garbo. Estábamos... estamos bastante perdidas...
Julia, he perdido no sé cuántos kilos componiendo otra canción. El estribillo por supuesto contiene tu nombre. Las estrofas te escriben y te comparan con un diosa para luego mutilarte. Se trataba de ponerlo todo como la habitación de un niño. Todas nuestras cosas al aire, en cestas gigantes para que los demás las contemplaran.
Julia, tráeme esa flauta y una guitarra. Sólo eso. En mi carpeta respira la canción que dejamos a medio terminar. Tus ojos empezaron a investigar mi memoria y rayaron todo lo que se encontraron a su paso. Nuestra melodía quedó distorsionada. Presión sobre presión. Y fin...
Si te empeñas, podemos probar con el piano. Pero ya sabes: no hay espacio. Tanto el piano como tu corazón rozaríais al entrar, arañando quicios, astillando marcos, estropeando puertas y paredes recién pintadas.
Si me visitas, mejor te recibo en el porche. Prefiero que sea allí, en la gran silla de mimbre, con las piernas cruzadas, con tu pamela y tu pañuelo de Christian Dior protegiéndote de todo. Te haré varias fotografías. Exprimiré el atardecer para que las sombras se estrellen bajo tus pómulos. Así no tocarás nada, quietecita, en mi porche, como una reina en su trono de mimbre.
¡Basta de huellas sobre mis posesiones! Te excitaba hablar así, en plural. Las eses y tus dientes grandes y blancos al pronunciarlas parecían un cascabel encantado que taponaba mis oídos. Una vez pronunciada la palabra, me enseñabas un letrero que decía the end y posabas como la Garbo. Y cuando te agotabas, como Marlene. Y todo se acababa o empezada otra vez... aunque yo ya no sé si una cosa o la otra. Y digo yo que qué más daría... Julia, mi Julia, en su laberinto, es decir, en mi.
Qué mal me han sentado las croquetas. No me importaría que aparecieras por esa puerta con tu piano, reventando tabiques si hiciera falta. Tus dedos como colas de peces, aleteando sobre las teclas blancas y negras, negras y blancas; blancas como tus dientes, y negras como tu alma...
Acariciarme es pronunciarte, hablar de ti en voz alta es como expurgar sin uñas...
Julia, Julie...
Julia, unas notas, un acorde, y tú otra vez, fría y apetitosa. Y yo aquí sola, desterrada, con mis pechos haciéndose preguntas sobre ti. Te echan tanto de menos... Hay días en los que me peino igual que tú para distraerlos, pero no sé si se lo creen.
¿En qué estación estarás ahora? ¿En qué puerto? Seguro que me has vuelto a engañar y estás arrepanchigada en un Jumbo sobre volando mi casita y mi jardín y mi porche y el gran trono de mimbre. Cantarías a la perfección el estribillo que lleva tu nombre si las dos diéramos marcha atrás.
¿Me harías por favor una docena de croquetas caseras? Estoy convencida de que era tu ternura lo que las mantenía tan cálidas por dentro... Mi querida Julia, Julie o simplemente Julia.
12.31.2010
el incorrecto (fragmento y III)
X.- ¿Cuándo vas a coger la llave?
Y.- ¿Qué llave?
X.- La que abre la puerta.
Pausa breve.
Pero, ¿cuándo te vas a ir?
Y.- ¿No tienes hambre?
X.- Niega.
Y.- Yo sí.
X.- Yo sólo quiero que te vayas.
Y.- Ahora quieres que me vaya.
X.- Asiente.
Silencio.
Y.- Tengo hambre.
X.- Mientes.
Y.- Mirada.
X.- Insondable.
Y.- Ríe.
X.- Eres insondable y a la vez transparente. Esto último ha sido principio y fin de mi calvario.
Y.- ¿Y qué quieres que haga?
X.- ¿Ahora? Nada.
Y.- ¿Nada?
X.- Así es. Nada.
Y.- ¿Cuándo estoy casi a punto?
X.- Tú te crees que vas a salir de dónde estás y a mí me vas a meter en donde ya estuve. Ni lo sueñes. Me niego a bajar un escalón más contigo.
Y.- Me vas a volver loco.
X.- Sonríe.
Y.- Conato de golpe sobre la cara de X.
X.- Ni esa puerta es tu salida, ni con partirme la boca te vas a librar de mí.
Y.- Baja el puño.
X.- Antes de irte...
Y.- Mirada.
X.-... porque quiero que te vayas de inmediato...
Y.- Mirada.
X.- Me vas a contestar.
Y.- Desesperación.
X.- ¿Qué es lo que te provoco? ¿Cuál es el impacto de mi presencia diaria en ti? ¿Qué se te mueve por ahí adentro? ¿Cuál es la camisa que mejor me sienta? Dímelo porque sé que me tienes estudiado al milímetro. ¿Por qué no quieres rozarme y presiento que te mueres por hacerlo? Nadie sabe que a nuestro corazón le hace falta un dueño hasta que lo tiene. Sin embargo lo mejor es adiestrarlo bien, para que no esté siempre pendiente del collar para salir de paseo.
Y.- ¡Eso que dices es pura fantasía!
X.- Tú sí estás de lleno de tu propia fantasía y el fango te llega hasta la boca...
... y tu boca...
Y.- Mirada.
X.- ... que es tuya y mía...
Y.- Ríe.
X.-... y tu sonrisa... Con ella empezó todo y lo sabes. Atraparla... rodearla... asfixiarla... si pudiera hacerlo con mis besos, ten por seguro de que me la quedaría. La colgaría en esa pared como si fuera un lienzo. Porque tu sonrisa te resta una quincena de años. Los mismos que me han ido separando de ti.
Y.- No, no nos llevamos quince años.
X.- Sigues sin entender nada. Vas y vienes a la tierra de Nunca Jamás y en mitad del
camino te detienes, me miras, me sonríes, me despistas, me entretienes, me desarmas y sigues con tu viaje de ida y vuelta hasta marearte, agotarte, desanimarte para empezar de nuevo que es terminar, y terminar no es más que el principio y el fin de tu
agotamiento, y por añadidura, del mío propio.
Y.- Me confundes.
X.- Jaque mate.
Y.- Esto no es juego limpio.
X.- Mira quién fue a hablar.
Y.- Mirada.
X.- Aquí todo vale.
Y.- Mirada.
X.- Y no me mires más, que me canso...
Y.- Sonríe.
X.- Y tampoco me sonrías, que me canso todavía más. Porque varado me has tenido como a una triste ballena. Así que arroja esa maldita baraja al mar y húndete con ella. Desaparece, Peter Pan. No podemos hacer nada. Ya no hay nada que hacer. No hay nada, absolutamente nada que puedas hacer.
Y.- Besa suavemente a X.
Silencio.
Quedan quietos.
Y.- Por un momento te has creído que te he besado, ¿verdad?
X.- Asiente.
Y (riendo).- Pues deja ya de soñar. Me iré en cuanto tu quieras. Y lo sabes.
X.- Tu último deseo se ha cumplido: ¿seguimos jugando a ser gladiadores?
Y.- ¿Seguimos jugando a ser gladiadores?
X.-Gladiadores...
Y.- Gladiadores...
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